El nuevo dirigente llamó a la unidad del movimiento indígena y a dejar atrás las estigmatizaciones políticas internas.

Luego del desarrollo del Congreso de la ECUARUNARI, Leonidas Iza fue designado como nuevo presidente de la organización indígena regional, para el período 2020–2029, consolidando su liderazgo dentro del movimiento indígena de la Sierra ecuatoriana.

Iza obtuvo una victoria amplia con 650 votos, superando a Jimmy Tene, candidato respaldado por la organización Zamaskijat de Zamora Chinchipe, quien alcanzó 280 votos. En el proceso electoral también se había considerado la candidatura del exasambleísta Salvador Quishpe, histórico dirigente indígena y referente político del movimiento.

Tras su designación, Leonidas Iza centró su discurso en la necesidad de fortalecer la unidad interna, haciendo un llamado a superar las divisiones y estigmatizaciones políticas que, según señaló, han debilitado la acción colectiva del movimiento indígena en los últimos años. Recalcó que la ECUARUNARI debe recuperar su rol como un espacio de articulación, defensa de derechos colectivos y construcción de propuestas frente al Estado.

La ECUARUNARI, como una de las principales filiales de la CONAIE, cumple un papel clave en la representación de los pueblos y nacionalidades indígenas de la región Sierra, con incidencia directa en debates nacionales relacionados con territorio, recursos naturales, educación intercultural, economía comunitaria y modelo de desarrollo.

La elección de Iza se da en un contexto político complejo, marcado por tensiones sociales, conflictos territoriales y una relación aún frágil entre el movimiento indígena y el Ejecutivo. Su liderazgo genera expectativas tanto al interior de las bases como en el escenario político nacional, donde su figura ha sido protagonista en procesos de movilización y diálogo.

La designación de Leonidas Iza refleja un respaldo mayoritario de las organizaciones de base y confirma una línea política que apuesta por la cohesión interna como condición indispensable para enfrentar los desafíos actuales. El reto ahora será traducir ese respaldo en una agenda clara, unificada y efectiva que fortalezca la incidencia del movimiento indígena en las decisiones del país.